Search     Contact Us

 

Home > Vocations > Deacons > Formation of Deacons > Fundamento bíblico, teológico y doctrinal sobre el diaconado
 

English | Español

Fundamento bíblico, teológico y doctrinal sobre el diaconado

 

La Sagrada Escritura

"Los diáconos deben ser hombres respetables, de una sola palabra, moderados en el uso del vino y enemigos de ganancias deshonestas. Que conserven el misterio de la fe con una conciencia pura. Primero se los pondrá a prueba, y luego, si no hay nada que reprocharles, se los admitirá al diaconado. Los diáconos deberán ser hombres casados una sola vez, que gobiernen bien a sus hijos y su propia casa. Los que desempeñan bien su ministerio se hacen merecedores de honra y alcanzan una gran firmeza en la fe de Jesucristo." (1 Timoteo 3,8-10.12-13)

 

Concilio Vaticano II

"En el grado inferior de la Jerarquía están los diáconos, que reciben la imposición de las manos 'no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio'. Así, confortados con la gracia sacramental, en comunión con el Obispo y su presbiterio, sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad. Es oficio propio del diácono, según le fuere asignado por la autoridad competente, administrar solemnemente el bautismo, reservar y distribuir la Eucaristía, asistir al matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el viático a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir el rito de los funerales y sepultura. Dedicados a los oficios de la caridad y de la administración, recuerden los diáconos el aviso del bienaventurado Policarpo: 'Misericordiosos, diligentes, procediendo conforme a la verdad del Señor, que se hizo servidor de todos'. Ahora bien, como estos oficios, necesarios en gran manera a la vida de la Iglesia, según la disciplina actualmente vigente de la Iglesia latina, difícilmente pueden ser desempeñados en muchas regiones, se podrá restablecer en adelante el diaconado como grado propio y permanente de la Jerarquía. Corresponde a las distintas Conferencias territoriales de Obispos, de acuerdo con el mismo Sumo Pontífice, decidir si se cree oportuno y en dónde el establecer estos diáconos para la atención de los fieles. Con el consentimiento del Romano Pontífice, este diaconado podrá ser conferido a varones de edad madura, aunque estén casados, y también a jóvenes idóneos, para quienes debe mantenerse firme la ley del celibato." (Lumen Gentium, 29)

"Restáurese el Orden del Diaconado como estado permanente de vida según la norma de la Constitución "De Ecclesia", donde lo crean oportuno las Conferencias episcopales. Pues parece bien que aquellos hombres que desempeñan un ministerio verdaderamente diaconal, o que predican la palabra divina como catequistas, o que dirigen en nombre del párroco o del Obispo comunidades cristianas distantes, o que practican la caridad en obras sociales y caritativas sean fortalecidos y unidos más estrechamente al servicio del altar por la imposición de las manos, transmitida ya desde los Apóstoles, para que cumplan más eficazmente su ministerio por la gracia sacramental del diaconado." (Ad Gentes, 16)

 

Normas básicas de la formación de los diáconos permanentes

El diaconado es conferido por una efusión especial del Espíritu (ordenación), que realiza en quien la recibe una específica conformación con Cristo, Señor y siervo de todos. La Constitución dogmática Lumen gentium, n. 29, precisa, citando un texto de las Constitutiones Ecclesiae Æegyptiacae, que la imposición de las manos al diácono no es 'ad sacerdotium sed ad ministerium', es decir, no para la celebración eucarística, sino para el servicio. Esta indicación, junto con la advertencia de San Policarpo, recogida también por Lumen gentium, n. 29, traza la identidad teológica específica del diácono: él, como participación en el único ministerio eclesiástico, es en la Iglesia signo sacramental específico de Cristo siervo. Su tarea es ser 'intérprete de las necesidades y de los deseos de las comunidades cristianas' y 'animador del servicio, o sea, de la diakonia', que es parte esencial de la misión de la Iglesia”. (Normas básicas, 5)

 

Nuevo Testamento

El diaconado pertenece al ministerio ordenado compuesto por el orden de los obispos, presbíteros y diáconos. Ya desde los comienzos de la Iglesia, el diaconado posee una función ministerial específica, expresada en la misma palabra diákonos, utilizada por el Nuevo Testamento, con el significado de ministro o servidor. En el libro de los Hechos de los Apóstoles los diáconos son instituidos de manera estable y permanente por la imposición de las manos (Hechos 6,6) y se les encarga el oficio de administrar los bienes de la comunidad cristiana. En otros lugares de este libro, los diáconos aparecen ejerciendo también el oficio de evangelización y la administración del bautismo (Hechos 6, 10; 8, 10; 8,25). San Pablo los menciona como una institución estable en la Iglesia (Filipenses 1,1; 1Timoteo 3,8-12).

 

Concilio Vaticano II

El concilio Vaticano II ha restaurado definitivamente el diaconado permanente: “confortados con la gracia sacramental, en comunión con el Obispo y su presbiterio, sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad…se podrá restablecer en adelante el diaconado como grado propio y permanente de la Jerarquía….este diaconado podrá ser conferido a varones de edad madura, aunque estén casados, también a jóvenes idóneos, para quienes debe mantenerse firme la ley del celibato" (Lumen Gentium, 29).

A partir de concilio, el diaconado permanente ha conocido un fuerte impulso, sobre todo como medio para la obra misionera de la nueva evangelización. Debido a este hecho, la Iglesia ha ido regulando esta experiencia mediante una serie de documentos en el contexto de los deseos e intenciones del Concilio Vaticano II.

 

Papa Pablo VI

Pablo VI, en el año 1967, escribió la carta apostólica Sacrum diaconatus ordinem por la que daba las reglas para la restauración del diaconado permanente en la Iglesia latina. En el año 1972, con la carta apostólica Ad pascendum, precisó las condiciones para la admisión y la ordenación de los candidatos al diaconado. Estas normativas se plasmaron posteriormente en el Código de Derecho Canónico de 1983.

 

Normas básicas y Directorio

El 22 de febrero de 1998 se publican dos documentos importantes sobre el diaconado permanente: la “Ratio fundamentalis institutionis diaconorum" (Normas básicas de la formación de los diáconos permanentes) y el "Directorium pro ministerio et vita diaconorum permanentium” (Directorio para el ministerio y la vida de los diáconos permanentes), preparados por las congregaciones para la Educación Católica y del Clero respectivamente. Estos documentos forman un todo con el Directorio nacional para la formación, ministerio y vida de los diáconos permanentes en los Estados Unidos elaborado por la Conferencia Episcopal de los Obispos Católicos de los Estados Unidos aprobado por la Santa Sede.

 

Lumen Gentium 29

El Magisterio de la Iglesia nos ha llegado hasta hoy con vigor y energía, y se hace presente en nuestra generación a través del Concilio Vaticano II para que sintiéndonos que somos Pueblo de Dios seamos capaces de imitar el modo de servir como Jesús sirvió al Padre por lo que restablece un diaconado de signo permanente, considerando y formulando en la Lumen Gentium 29 en la que se concreta en los puntos siguientes:

  • Los diáconos están en el grado inferior de la jerarquía;
  • Se les impone las manos no para el sacerdocio sino para el ministerio;
  • Fortalecidos con la gracia sacramental sirven, en comunión con el obispo y su presbiterio, al ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad.

 

La caridad y la Eucaristía

El servicio de la caridad en la Iglesia debe estar íntimamente asociado y vinculado al servicio eucarístico. Evidentemente que ni el presbítero ni los fieles están exonerados de esta responsabilidad, pero el presbítero significa más a Cristo-Cabeza y Mediador, siendo centro y animador de la unidad de la comunidad; el ministerio diaconal, en cambio, al acentuar más la significación del servicio, invita a realizar y manifestar la unidad entre la diakonía de la caridad y la diakonía de la eucaristía. (Yves Congar, El diaconado en la teología de los ministerios).

 

La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura

Así, el Concilio Vaticano II resume de este modo la interpretación que ofrece la Sagrada Escritura y la Tradición de la fundación de estos ministerios por Jesús:

Lumen Gentium 28: "Así, el ministerio eclesiástico, de institución divina, es ejercido en diversos órdenes por aquellos que ya desde antiguo vienen llamándose obispos, presbíteros y diáconos".

Lumen Gentium 20: La plenitud del ministerio corresponde a los obispos, que "por institución divina han sucedido a los apóstoles como pastores de la Iglesia".

Lumen Gentium 28: "Los presbíteros participan del ministerio del obispo".

Presbyterorum Ordinis 4-6: Esto tiene lugar en la predicación, la administración de los sacramentos,- especialmente la celebración de la Eucaristía - y través de la función pastoral.

Lumen Gentium 29: Los diáconos, en el ámbito del ministerio, ejercen la diakonía de la palabra, de la liturgia y de la caridad.

Sacrum diaconatus ordinem, 22.10: "El diácono puede guiar legítimamente en nombre del párroco o del obispo, las comunidades cristianas lejanas".

Es una función misionera que han de desempeñar en los territorios, en los ambientes, en los estratos sociales, en los grupos, donde falte el presbítero o no se le pueda encontrar fácilmente. De manera especial en los lugares donde ningún sacerdote pueda celebrar la Eucaristía, el diácono reúne y dirige la comunidad en una celebración de la Palabra, en la que se distribuyen las sagradas especies, debidamente conservadas. Es una función de suplencia, que el diácono desempeña por mandato eclesial cuando se trata de salir al paso de la escasez de sacerdotes. Pero esta suplencia, que no puede nunca convertirse en una completa sustitución, recuerda a las comunidades privadas de sacerdotes la urgencia de orar por las vocaciones sacerdotales y de esforzarse por favorecerlas como un bien común para la Iglesia. También el diácono debe promover esta oración.

 

Funciones del diácono

El diácono es un hombre consagrado y miembro de la jerarquía; su servicio está así reforzado y se hace más efectivo a través de la gracia sacramental. El diácono es, normalmente, marido y padre, con todo lo que este estado exige de un cristiano. Y es también, en fin, un hombre que está en el mundo y que sostiene a su familia a través de su profesión secular, salvo que se dedique exclusivamente al ministerio, lo cual sucede a discreción del Obispo.

 

 


Contacts:

Juan RendonJuan Rendon
Director of the Permanent Deacon Formation
817-945-9480

Deacon Rigoberto LeyvaDeacon Rigoberto Leyva
Coordinator of Pastoral Field Formation
817-945-9481

Rev. Carmen Mele, OPRev. Carmen Mele, OP
Director of Spiritual Formation for Diaconate Formation
817-945-9352

Josie Castillo
Administrative Assistant
817-945-9314